-¡Buenos días espejito! ¿Qué tal has dormido?
-¡Buenos días Sara, la verdad, estupendamente! ¿Qué tal su noche?
-Si te soy sincera, no he dormido muy bien, he pasado la noche despierta pensando en él y su despeinada melena. Cada vez me doy más de cuenta de lo poco que me quiere.
-¡Pero señorita! ¡Si es usted la que más miradas atrae en este pueblo, es usted a la que más admiran y a la que más desean. La más rica de los alrededores y además, con el castillo más grandioso que existe!
-Sí, espejito. Pero yo no pedí ni deseé tener todo lo que tengo, esto es la herencia de mi padre, que me dejó con su fallecimiento. Yo lo que quiero es vivir en una casita pequeña en el bosque, sin criadas ni servicios de esos. Quiero vivir con mi amor, con ese hombre con el que llevo soñando tanto tiempo..
-¡Pues dígaselo mujer! ¿A qué espera? ¿A que se haga viejo, se vuelva feo y ya no le guste? ¡No espere ni un minuto más! Pero sigo pensando que es usted muy afortunada.
-Aunque fuera feo lo querría igual espejito, pero no sé, esto de expresarle mis sentimientos a mi me cuesta mucho, ¿eh? Que to tengo mucha vergüenza y me pondría muy nerviosa y, y, y no sabría que decirle...
-Ande, ande, menos excusas y haga lo que tiene que hacer.
-Bien...De acuerdo.
Después de dos horas y media...
-¿Y bien?
-¡Me quiere espejito! ¡Me quiere! ¡Por fin me voy de este repugnante castillo a una preciosa casita!
-Y...¿qué va a ser de mí?
-Te dejaré en buenas manos, prometido...
A partir de ahí, Sara recoge sus cosas y se va con el hombre, pero no se olvida de su amigo el espejo, a quien lo deja con su hermana Fátima, que con lo presumida que es, el espejo no va a estar aburrido en ningún momento.
lunes, 16 de marzo de 2009
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